Aprender y transformarse
El equilibrio entre esfuerzo y suavidad se ocupa de cuidar la sostenibilidad de nuestras prácticas. No lo digo porque lo haya entendido siempre sino porque siempre me ha interesado cultivarlo.
Aunque no es fácil de explicar, cuando sentimos este equilibrio todo el sistema reacciona con una fusión de sentido y afirmación. Esto aplica a las posturas de yoga pero también a cualquier otra postura que adoptemos en la vida, todos nuestros roles y labores se benefician del uso oportuno de la energía disponible. Porque, como ya sabemos, la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma.
¿Y cómo se transforma? ¿Para qué? El cómo me sigue pareciendo un misterio cercano a la magia. ¿Cómo pasamos de estar con el ánimo por los suelos a amar la vida? ¿De encontrarnos agotadas a sentirnos vigorizadas? ¿Solo por movernos, respirar y prestar atención?
El para qué creo que es asunto de cada persona descubrirlo. Hay quien ser quiere transformar para ser más feliz, otras personas quieren liberarse, o despertar, o comprender….
Toda transformación conlleva aprendizaje. Por las características de mi trabajo estoy en contacto con cientos de personas diferentes al año y tengo el placer de enseñarles y observar cómo sus cuerpos e intelectos reaccionan a diferentes propuestas.
Puedo percibir los diferentes patrones y registros con los que cada persona llega a su exploración, y cómo la propia exploración los recalibra. No puedo dar una fórmula que funcione para todo el mundo siempre, pero creo que la invitación a la magia surge de crear el entorno apropiado y llenarlo de información de alta calidad que sea educativa, aspiracional y ecuánime.
La pedagogía es el arte de alcanzar a cada persona allí donde está, tamizando el saber que pueda acompañar su investigación personal. El punto de encuentro es el tema de aprendizaje, sea el cuerpo, la filosofía o la ciencia. Ese tema es la semilla que plantamos en nuestro territorio de sabiduría personal.
Hace falta algo de valentía, disrupción y mucha curiosidad para desafiar la idea de que alcanzar un objetivo es importante, pero una vez que entendemos que lo importante es el proceso todo cambia, para siempre.
Entonces entramos en el juego infinito; nunca se pierde, nunca se gana, solo se juega, solo se aprende. Y ese juego, ese infinito, nos transforman sin que apenas nos demos cuenta, en un equilibrio entre esfuerzo y suavidad.