Darle vida al yoga

EL YOGA, UNA DISCIPLINA DE INVESTIGACIÓN

Toda disciplina que se precie, especialmente el yoga con su carácter humanístico-científico, precisa de espacios muy abiertos para la evolución y la investigación. 

La naturaleza del conocimiento es dinámica; los medios y los contextos van definiendo, junto con la experiencia acumulada, nuevos caminos y nuevos objetivos, y todo eso alimenta la vida.

Cuando empecé a practicar yoga, hace treinta años, me sorprendió mucho el aspecto reparador de la práctica; su capacidad para transformar la experiencia interior. Esto fue lo primero que me enganchó.

Desde entonces he ganado en visión y experiencia, y la conclusión a la que he llegado es que, en esa transformación interior, lo más valioso que se abre es una puerta a la libertad real. La libertad se descubre como el espacio en el que dejo de pensar de manera limitada, dejo de verme aislada, para verme interconectada.

Muchos de los aprendizajes en el ámbito del yoga vienen de la mano de aproximaciones particulares (pertenecientes a ciertos linajes) y, a veces, nos puede quedar la impresión de que solo se practica de una cierta manera o que los conceptos filosóficos son únicos y absolutos.

Por eso, elegí relacionarme con ciertas escuelas pero no quedarme en ninguna de ellas, no por falta de compromiso sino para poder ampliar mis conocimientos con menos condicionamientos y, así, tomar mis propias decisiones sobre lo que aplica a vivir el yoga en estos tiempos.

INCLUIR LOS LEGADOS Y TOMAR DECISIONES

Muchos legados espirituales, tanto del yoga como del budismo, pese a sus diferencias filosóficas, coinciden en otorgar a la percepción directa (pratyakṣa) un lugar privilegiado como medio de conocimiento. Este es un saber que se verifica en la experiencia misma, no por autoridad de escritura o maestro.

Un yoga vivo celebra las influencias y las labores de quienes estuvieron antes, recordando que lo que enseñan está seleccionado y emerge de sus propias personalidades y recorridos. Por eso, establece un compromiso con el estudio de la historia y las filosofías del yoga para ganar en amplitud y reducir los sesgos propios y ajenos.

En mis primeros años de enseñanza elegí ofrecer una práctica postural que no siguiera una técnica ajena sino que tuviera sentido con mi experiencia de corporalidad y lo que observaba en el alumnado. Esto me liberó de algunas ortodoxias que con el tiempo se ha demostrado que no se adaptaban a la realidad de muchos cuerpos. Gracias a este escepticismo esperé bastante tiempo antes de posicionarme respecto a las técnicas corporales y el alineamiento que quería enseñar, hasta que encontré aquello que ligaba la ciencia sobre el cuerpo con las intenciones primarias del yoga.

¿QUÉ ES LA EDUCACIÓN?

La educación también es una materia viva. El concepto de instrucción genera un ambiente enrarecido en el aula de yoga, ya que parece que hay una manera única de expresar las posturas. Así, un yoga postural vivo se decanta por guiar desde la invitación a comprender las técnicas desde la biomecánica y la somática, a tomar decisiones y ofrecer conocimientos sobre el cuerpo. Es el lugar en el que descubrimos que tanto el esfuerzo como la calma son necesarios para vivir en equilibrio, y de ese equilibrio emerge la vitalidad que nos permite descubrir quiénes somos realmente.

Este descubrimiento no es solo autoconocimiento, sino que se manifiesta en la conciencia que nos permite vivir más despiertas, menos esclavas de nuestras fluctuaciones mentales.

Para mí, el objetivo de todo este recorrido hacia una misma es el de poder salir de vuelta hacia el exterior y retornar a lo social y lo colectivo con más capacidades. Un yoga vivo, tal cual lo he ido explorando, no impulsa al ascetismo ni el camino individualista, sino que se propone a sí mismo como un impulsor de la pertenencia, la comunidad y el sentido colectivo.

Esta comunidad se refleja en cómo vivimos y enseñamos y cómo, a través de los contenidos de nuestra enseñanza, participamos de la sociedad en la que la honestidad, la integridad, el cuidado y la ecuanimidad puedan manifestarse y expandirse.

¿QUÉ ES UNA PRÁCTICA VIVA?

Un yoga vivo entiende que la práctica personal es un camino de investigación y la transmisión es un compromiso con lo social. En este sentido, muchos conocimientos complementarios tienen sentido. La psicología, la biología, la antropología y tantas otras áreas de conocimiento ya forman parte del yoga de manera histórica, por eso, seguir teniéndolas en cuenta solo es coherencia y enriquecimiento.

Un yoga vivo no es un estilo de yoga, sino una declaración de intenciones y una propuesta de valentía en la que el debate y el estudio son más importantes que la homogeneización y la afiliación. Aceptamos movernos con la sensación de que no hay verdades absolutas pero con la certeza de que nuestro compromiso es verdadero y tendremos que andar y desandar el camino múltiples veces. Por suerte, esto nos hará sentir más vivas.

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