Viajar, sentir y ampliar
Hace diez días emprendí el viaje familiar que marca nuestro cierre de temporada. Estos viajes asimétricos y descoordinados siempre le dan un color especial a nuestro sentir; nos obligan a ser imaginativos con propuestas y formatos.
Oporto ha sido el destino favorecido y nos ha regalado, además de favores, unos días de alas y pies al son de adoquines y aroma fluvial. El cierre del viaje, en Madrid, pertenece a los tiempos sin tiempo para mi cuerpo. He podido disfrutar de un fin de semana de yoga somático con Lisa Petersen, que confirma, reafirma y resalta, una vez más, el valor del equilibrio entre el hacer y el sentir.
Cualquier enseñanza contemporánea que decida mirar al cuerpo no debería ignorar que alojamos y nos aloja un sistema nervioso con historia y necesidades.
Estrictamente hablando, todo lo que se refiere al cuerpo es somático. Sin embargo, desde mi percepción, hablamos de somática cuando decidimos prestarle atención al sentir y no solo al hacer.
En mis formaciones hablo de esta realidad dual como “la doble conversación”, un recorrido de ida y vuelta en el que generamos movimiento y acción a través de una orden motora y, a la vez, recibimos noción y sensación de lo que hemos hecho(o dejado de hacer). Es algo sutil, pero también natural y deseable.
Ese sentir le da paso a una sensibilidad que no es frágil sino poderosa que nos ayuda a tomar decisiones adaptadas y reales al momento y a una misma.
Confirmo y reafirmo nuestro derecho y responsabilidad en términos de sentido (común y no tan común) aplicado al cuerpo, desde el hacer y el sentir. Y, para ello, necesitamos esfuerzos con centro y valentía tanto como descansos serenos y suaves.