Iniciar es continuar (con aromas renovados)
Año y cifra estrenar. Pausas y reuniones integradas y nuevas miradas hacia el futuro. A eso se prestan los primeros días del año.
Cuando paramos o cambiamos ritmo se nos abre la posibilidad de contemplar nuestra vida desde nuevos prismas. Esto puede ser inspirador y esclarecedor.
Mirarnos a nosotras mismas desde fuera y al mundo desde dentro promueve la necesaria sensación de novedad que colapsa de manera positiva en una onda de partículas poderosas llamada intención.
La intención se encarga de marcar nuevos rumbos, soplar con más fuerza y alimentarnos del coraje que nos permite dejar atrás tierras conocidas y reconocernos en navegación incipiente.
Yo tengo dos intenciones fundamentales para este año; una pequeña (y poderosa) y otra grande (y humilde).
La pequeña consiste en desprogramar el descanso. Y esto hay que explicarlo. Normalmente programo mi descanso para protegerlo y que me proteja. Lo cual, en la teoría, suena cuerdo y razonable. Sin embargo, creo que el siguiente paso es que sea el descanso el que me programe a mí. Así que, salvo en los casos que no lo permiten (conduciendo, dando clases, cursos o mentorías) cuando mi cuerpo informe de cansancio me comprometo a tumbarme y abandonar todo lo que esté haciendo (por muy importante que sea o parezca). Creo que es una forma de revolución silenciosa, una nueva interpretación del compromiso y un calibrado de la acción correcta. Un experimento para que mi laboratorio personal me siga interesando y acompañando.
Mi gran intención es más abultada en cuanto a ambición y visibilidad. Quiero sembrar las tierras del aprendizaje y la investigación con un abono de alto impacto. Deseo que los puentes entre sabiduría perenne y prácticas contemporáneas sean más amplios y transitables. Apunto así a que la polarización disminuya y las conversaciones se agranden. Apuesto así para que mi educación facilite la relación con las raíces del ser humano y su búsqueda de sentido en la filosofía y la trascendencia, y que eso sea totalmente aplicable a la vida actual. Que mi ethos personal sirva a un ethos colectivo enriquecido de sentido.
Para ello, mis contenidos se orientan a inspirar y culturizar en estos dos ámbitos; con más cuerpo de conocimiento y propuestas técnicas relevantes.
Mi propia educación es esencial y por ello, al compromiso que ya vine gestando el curso pasado con el cuidado de los temas de sabiduría, desde hace unos meses y durante los siguientes años estaré envuelta en formación en estudios yógicos académicos.
El gozo personal es el motor de este movimiento, ojalá su calor os envuelva y os alcance. Mientras tanto, seguimos rodando y bailando en el nuevo año con propuestas para todos los escenarios.