¿Es el yoga realmente beneficioso?
Hacernos preguntas es de importancia vital para aprender y refinar lo que ya sabemos. Además, nos puede ayudar a matizar las ideas fijas que tenemos, en un ejercicio de sensatez y flexibilidad.
Por accidente acabé dedicada a la educación. Viniendo de estudiar sociología y de una profesión creativa siempre me alertó mucho el carácter dogmático de algunas personas que encontré por el camino.
El ego espiritual, los absolutismos y las verdades innegociables han empañado el mundo del yoga y por eso hay tantas disputas entre los estilos y tantas rivalidades innecesarias. Las luchas sobre los yogas puros y no puros invaden conversaciones cargadas de desinformación e incultura sobre la evolución y la historia del yoga.
Actualmente, convertido en una disciplina física para la salud, pocas personas reconocen que practicar yoga de manera inadecuada tiene sus riesgos. Aún estamos en una etapa en la que, según crece la luz y se amplían los horizontes, algunos puntos ciegos y zonas oscuras se mantienen estáticos. Quiero hablar de ellas.
No porque tengan que ver con el yoga, sino porque sobre la base de estas ideas fijas algunas personas establecen dinámicas de poder en vez de crear vínculos de seguridad y tolerancia, que es de lo que la educación debería ocuparse.
Es mejor que quien practique yoga sepa que, en general, es una práctica muy saludable pero que, en particular, hay una serie de praxis que conviene evitar porque tienen sus riesgos.
Por muy bonitas que sean algunas posturas, solo debemos abordarlas con la preparación oportuna, las técnicas consolidadas y el acompañamiento apropiado.
Por muy interesantes que sean la disciplina y el esfuerzo, no debemos nunca sentir dolor o violencia en nuestras prácticas ¡hay infinitas adaptaciones y ajustes para evitarlo y trabajar bien!
Por mucha sapiencia que tenga mi profesor/a no puede empujarme ni moverme en una postura en la que no tengo movilidad autónoma ni tiene potestad para valorar si mi nivel de esfuerzo es apropiado o debería comprometerme de otra manera con la práctica
Por mucho que practique yoga no debo sentirme superior a nadie porque no se categoriza a las personas por sus hábitos sino por su corazón. Si me gusta o me sienta bien practicar o enseñar ¡maravilloso! Pero eso no me hace especial.
A menudo vienen personas a clase y me dicen que se han sentido muy a gusto y cómodas, que no sabían que el yoga era así de agradable, divertido e inclusivo. Y yo me quedo pensando ¿qué es lo que estamos transmitiendo y haciendo para que esta no sea la norma?
Y entonces me siento afortunada, porque las profesoras que me rodean están comprometidas con cuidar del yoga y a las personas, con hacerse preguntas aunque desafíen ideas que alguien les pasó y por ser una de esas personas que permiten que todo el mundo sienta que puede pertenecer y aprender.
Las redes nos han confundido aún más. Es bueno mostrar lo que hacemos y lo que sentimos, pero crear ideales de belleza o habilidad, nos puede provocar muchos dolores como sociedad. Y necesitamos cuidarnos, querernos y acompañarnos.
Deseo que mi trabajo sirva, siempre, para abrir conversaciones, diálogo y aclaraciones.
Os dejo algunas ideas, basadas en estudios científicos y recogidas dentro y fuera de la propia comunidad del yoga.
En conclusión, el yoga es beneficioso en general y mayormente. Eso no significa que es imposible lesionarse física o psicológicamente.
Es importante saber que la prevalencia de lesiones varía mucho según el estilo de yoga, la intensidad de la práctica y la experiencia/formación del profesor/a. Así que esas son cosas a las que queremos prestar atención especial.
Ahora sí…¡a disfrutar y aprender!