El calor razonable

Quizás las perspectivas cambian la temperatura

Siempre he pensado que nuestra perspectiva cambia la experiencia. No cambia el evento, pero matiza la manera en la que se introduce en nuestro sentir y cómo constelamos con la realidad a partir de ahí.

Hace muchos años, cuando nos trasladamos a las montañas de Madrid, entendí por primera vez el sentido del frío. Pasar frío cuando la naturaleza te rodea tiene mucho más sentido que pasarlo entre asfaltos y comercios.

Hace también muchos años, pero no tantos, cuando nos vinimos a vivir a Ibiza, empecé a entender el calor de otra manera. Y ahora, cuando los turistas sudorosos en una clase me miran con cara cercana al enojo, les hago esta pregunta ¿por qué vinisteis a Ibiza con lo grande que es el mundo? Entonces sonríen de medio lado, conscientes de su responsabilidad y ya no les molestan tanto el sudor ni mi clase; empiezan a valorar su soberanía sobre lo que están viviendo.

Ese paso, de víctimas a participantes, es una transición hacia mayor bienestar. No digo que podamos ser responsables de todo lo que nos pasa, pero sin ninguna duda estamos invitadas a la fiesta y no podemos dejar de bailar su música, aunque nos pille dando traspiés.

Así pues, os he resumido mi estado: sudoroso y amoroso.

Por aquí la temporada se mueve contando con mi cerebro, cuyas neuronas están de huelga tras un curso intenso, y gracias a la inestimable compañía de mi cuerpo, que parece bastante disponible para mi dedicación a las clases de yoga públicas y privadas que van organizando los colores de mi agenda.

Sabe rico este ritmo tras la temporada pasada, recuperándome de una intervención, ligera y discreta, casi ausente de mis clases. Con un cierto duelo y un cierto alivio, observé cómo ese descanso reparaba algo más allá de mi cuerpo. Algunos sentidos se afinaron y mis preferencias tomaron rumbos nuevos.

Siento que este temporada vuelvo a la carretera con una nueva gira, aunque no me olvido de que participo pero no todo está en mis manos. De hecho, lo único real es que estoy escribiendo esto ahora, ayer es historia y mañana es sorpresa.

Anterior
Anterior

Darle vida al yoga

Siguiente
Siguiente

La tolerancia, la curiosidad y la ecuanimidad como protectores del discernimiento