La tolerancia, la curiosidad y la ecuanimidad como protectores del discernimiento
Hay un afán que me persigue. Dos de las cualidades que más me he esmerado en cultivar desde que me dedico a la educación de yoga son la ecuanimidad y el espíritu crítico.
Esto no surge de un sentimiento frío o distante con la disciplina, sino del respeto que le tengo a su evolución y el amor que siento por mi propia investigación y práctica.
Lo que mas me ahuyentó del gremio cuando empecé, hace ahora 19 años, fue encontrar perfiles individuales o colectivos que practicaban ortodoxias que consideraban únicas y correctas.
La idea de que la posturas se hacen de una sola manera, tienen una sola historia o hay verdad en un único maestro siempre me ha puesto los pelos de punta y el cerebro en alerta.
Creo que lo más peligroso que podemos encontrar reside en aquellas personas que se erigen como sabias y esconden fanatismos e ignorancia profunda que transmiten sin pudor alguno.
Por suerte, todo esto ha ido cambiando y mejorando aunque aún contamina algunas mentes y escuelas.
Para hoy os dejo un Trikonasana (Triángulo) histórico, ni más verdadero ni más falso que otros, que forma parte de la historia de esta disciplina ¡que no dejará de sorprendernos con lo viva que ha estado siempre!
Este Trikonasana sale de un texto jainista difícil de datar, pero perteneciente a los siglos XVIII o XIX. Todavía no me he animado a probarla, pero queda en el catálogo de exploraciones y curiosidades.
Seguiremos reflexionando, en la interesante cronología y biografía de este curioso arte llamado yoga, que aúna conversaciones sobre trascendencia, ética, vitalidad y discernimiento.