Cuando la práctica avanza ¿a qué nos referimos?
La práctica de asana (posturas) no es la única técnica del yoga. Tiene su relevancia y su valor y, por supuesto, es especialmente importante en una sociedad sedentaria y tecnológica.
Sin embargo, siempre hemos de estar atentas al peso que toma en nuestro estudio y la identidad que podamos poner en nuestra representación postural.
Inicialmente, asana se refería solamente al asiento de meditación, Hoy en día incluye un catálogo casi infinito de posturas para promover la vitalidad y facilitar una conciencia ampliada.
Si hay algo que perjudica a nuestra comprensión de esta técnica eso son los extremismos, los fundamentalismos y las peleas ideológicas. Ninguna escuela o estilo posee la verdad absoluta ni propone la práctica más correcta y ningún profesor o profesora ha desarrollado el método de enseñanza más íntegro.
Muchas aproximaciones a la enseñanza de asana son muy valiosas, a mi parecer, especialmente aquellas que conocen su historia, su valor y su relación con los aspectos filosóficos y espirituales que engloban y envuelven el estudio del yoga.
Personalmente, estoy muy a favor de que la enseñanza de yoga postural tenga importancia y valor en nuestra sociedad. Por otro lado, me preocupa que ignoremos las necesidades de las personas que están incorporando la práctica a sus vidas y les confundamos con símbolos y discursos que no pasan la prueba del tiempo.
No todo lo que viene de lejos es bueno, ni todo lo que hacemos ahora es progreso. Entre la tradición y el progreso, podemos encontrar conversaciones inspiradas sobre lo que significa la adaptabilidad de la historia, la filosofía y la práctica de yoga
Uno de los mayores valores que aporta el escenario del yoga postural es la propuesta de regulación de la atención, la respiración y la ética personal. Aprender a cuidar el cuerpo es en sí misma, una tarea sagrada.
Me preocupa que pensemos que cuidar y embellecer son lo mismo. Los cuerpos cuidados también envejecen y muestran el paso del tiempo.
Estar en relación con la vivencia corporal, sintiendo que cambia y se transforma es, para mí, el yoga postural más avanzado.